En el ámbito artístico, la casualidad tiene en ocasiones un papel muy importante.

Recordemos la anécdota de aquel pintor que cansado de intentar reproducir el vaho de la respiración de un caballo, tiró una esponja en la que absorbía la pintura con cabreo y fuerza sobre el lienzo, consiguiendo asi el efecto buscado durante varios días.

Ayer me sucedió algo maravilloso, sonaba en mi ordenador, en la radio, el Adagio de la Décima Sinfonía de Gustav Mahler cuando al tentrar un un Blog (impresiones de un voluptuoso), sonó la música de Shostakovich, el Concierto para Violín nº1 opus 99 (77). Ambas músicas se enlazaron y acoplaron de una menera perfecta. Tuve creo yo, una experiencia estética como nunca he tenido.

Sonó una música nueva. He intentado reproducir este efecto de nuevo pero no lo consigo, quizá fuese su momento entonces y no en otra ocasión.